Manabí no sólo es playas. También es una exuberante naturaleza en la que destacan mansos ríos y cautivantes montañas. Es eso que se ha dado en denominar “turismo de tierra adentro”, aunque las playas aún son el plato fuerte de la oferta de la provincia, los balnearios de agua dulce, centros recreacionales y otros, experimentan una escalada de popularidad. Todos esos se encuentran en la ruta Portoviejo-Santa Ana-Poza Honda y Portoviejo-San Plácido, y hay otros como el Salto del Armadillo, la Segua.

SALTO DEL ARMADILLO
Se trata de una caída de agua de algo más de 10 metros de altura, que es visitada por manabitas, guayasenses y fluminenses en su mayoría, que conocen del sitio, más por referencias de otras personas que por ser un sitio que ocupa un lugar preferencial en las opciones turísticas del país.

Su ambiente húmedo que posee y la existencia de montañas vírgenes ha permitido que el suelo de este lugar admita la subsistencia de plantas variadas y de inigualable belleza tales como la toquilla de roca, begonias silvestres, helechos epifitos, caña guadua, entre otros.
REPRESA POZA HONDA
Indudablemente, Santa Ana es un verdadero paraíso donde el principal atractivo del Bio-corredor es la represa de Poza Honda; primer reservorio de agua que se construyó en Manabí y que abastece a nueve cantones de la provincia.

- Durante los viajes en canoas se puede disfrutar de hermosos paisajes marcados por la vegetación, el ganado, las típicas viviendas construidas con caña guadua y de la actividad del hombre y mujer de campo.
- La observación de la naturaleza es inolvidable, en la mayoría de ocasiones están acompañadas por una importante variedad de aves que con su canto avizoran el cambio de estación al campesino emprendiendo, con la lluvia, el arte de la germinación de la semilla en la que el agricultor pone su esperanza para subsistir.
BALNEARIO LAS JAGUAS
Es el primer balneario que existió en la zona, cuenta con una represa de agua que forma un remanso que permite a los visitantes realizar actividades de natación y baño sobre todo en época seca. En los alrededores se visualizan extensos pastizales que permiten la alimentación de ganado bovino así como árboles dispersos de frutales propios de la zona maderables como samanes y guachapelí y diversas plantas ornamentales que complementan la belleza escénica del lugar. En las proximidades del balneario se cuenta con servicio de restaurantes de propiedad de los habitantes de la zona en los cuales se pueden degustar platos típicos como bollos, cuajadas, caldos y secos de gallina criolla así como los tradicionales dulces de Rocafuerte. En estos lugares de atención al cliente, se cuenta con hamacas que permiten el descanso placentero de los visitantes a más de espacios para jugar cartas que facultan la recreación de quienes visitan el lugar.
